Apreciado/a amigo/a de La Corriente:
La tragedia de Valencia dejará una huella, o mejor dicho, una herida que tardará tiempo en cicatrizarse y que, entre otras cosas, pone en evidencia las miserias de la política de nuestros partidos.
Es evidente que ha sido un fenómeno meteorológico extraordinario, pero no imprevisible, porque es muy conocido por los técnicos que en aquel territorio la posibilidad de destrozos ocasionados por el agua de esta magnitud tiene un período de recurrencia de unos 70 años, todavía más en las condiciones climáticas actuales. Cabe recordar que los últimos grandes aguaceros que inundaron la ciudad de Valencia datan de finales de los años cincuenta.
La destrucción ni de lejos habría tenido la dimensión que ha llegado a tener si se hubieran llevado a cabo las obras hidrológicas proyectadas repetidamente y nunca realizadas. Por ejemplo, la riera del Poyo, que es la principal causante de los daños, tenía prevista su canalización desde hace más de quince años; el último proyecto aprobado es del actual gobierno, del 2021, y ya debería de haberse terminado. No se ha iniciado nunca. También es relevante la polémica sobre las alertas y la tardanza del gobierno español en desplegar todos los medios disponibles sobre el territorio.
La indignación de la gente, que no la violencia, está más que justificada.
En último término, y eso es lo que debemos saber ver, los hechos nos muestran una total ausencia de virtudes en la práctica de nuestros partidos políticos. Querer trabajar por el bien común sin virtudes es un imposible, y la realidad lo demuestra.
Una de las razones fundamentales de esta terrible debilidad en nuestro caso es que se ha esfumado la cultura cristiana que inspiraba estas virtudes. No es la única fuente virtuosa, pero en nuestra sociedad es la principal y la más difundida, y, además, la única que recoge un hilo histórico de exigencia virtuosa que empieza con Aristóteles.
La política sería mucho mejor si los cristianos se hicieran presentes de manera organizada y exigente, sin temores ni complejos, y participaran activamente en la vida política para reparar, reformar y regenerar todo aquello que no funciona. A pesar de aquella evidencia, hoy en día todavía se escuchan frases entre personas cristianas de buena fe que rechazan aceptar la dimensión política, que no es otra cosa que trabajar a favor del bien común. Aquí se manifiesta una incapacitad congénita de las personas cristianas, excelentes en otros ámbitos, para asumir este papel.
Para contribuir a superar este déficit tan grave, se ha creado la Corriente Social Cristiana. También para superar otro gran punto débil: la incapacidad para actuar conjuntamente y forjar grandes alianzas.
Actuar y hacerlo conjuntamente es una exigencia vital, porque es evidente que el estado se entromete cada vez más en la vida de las personas. Nos dice cómo y de qué manera debemos amar, cómo deben ser las relaciones con la pareja, cómo hemos de distribuir nuestro tiempos. cómo debemos educar a nuestros hijos, incluso nos dice que no somos hombres y mujeres, sino seres indefinidos y cambiantes. De hecho, la población ya está dividida entre personas menstruantes y no menstruantes. Además, el estado ya representa casi el 50% de todo el gasto que se hace. Su poder, con nuestro dinero, es desmesurado y tiene capacidad de cambiar el orden natural de las cosas.
Por si esto fuera poco, ahora el PSOE quiere modificar la Constitución para situar el aborto y el matrimonio homosexual como derechos constitucionales, y así, día a día, semana a semana, actúan para cambiar radicalmente nuestras vidas, las de nuestros hijos, nuestra naturaleza y nuestra historia.
Ante este hecho, la respuesta no puede ser otra que la acción organizada de los cristianos, que tenemos en la Corriente Social Cristina el instrumento ideal para esta labor. Por eso, si ya eres socio, intenta sumar alguno más. Es probable que en tu entorno haya personas interesadas o, al menos, mejora tu cuota e increméntala. Y si tienes un poco de tiempo, participa y colabora.
Si no eres socio, es el momento de tomar la decisión de afiliarte. Es la hora, como en los Estados Unidos, de empezar a cambiar las cosas y por eso construir un potente movimento que, desde dentro de la sociedad, regenere la política.
Y todavía queda otra acción: contribuir a modelar las organizaciones políticas para que sean más amigables i receptivas a los planteamientos cristianos, empezando por exigir la virtud en la práctica de la política. Es muy difícil conseguirlo con los partidos ya existentes, porque tienen inercias muy potentes en sentido contrario. Por eso debemos estar atentos a nuevas posibilidades. La más importante en este momento es la convocatoria de la Conferencia Cívica de Acción Política (CCAP) del 14 de diciembre a las 9:30 h en la UAO. En este espacio, donde pueden surgir ideas interesantes y relevantes, es necesario estar presente. Te recomiendo personalmente que te inscribas y participes.

Quiero recordarte dos actividades muy interesantes y que son abiertas para todos los amigos y amigas de La Corriente. Se trata de:
- 19 de noviembre a las 19 h: en el Club de Lectura comentaremos Diez razones para creer en Dios con su autor, Oriol Jara, que comparte su experiencia con Jesús para mostrar como Dios nos habla y como podemos escucharlo y oírlo.
- 21 de noviembre a les 19 h: 3a Sesión del curso sobre DSI con el tema Los principis de la doctrina social de la Iglesia. 1ª parte . Es tractaran el bé comú, el principi de subsidiarietat i la participació. Aplicació dels principis de la DSE a les polítiques públiques. Ponent: Miriam Feu. Si encara no t’has inscrit, pots fer-ho a info@elcorrent.org.
Y para terminar, las recomendaciones de esta semana:
- ¡Únete a la Conferencia Cívica de Acción Política y se parte del cambio que nuestro país necesita!
- Ante la tragedia de Valencia, Andalucía y Castilla-la Mancha: las cuestiones clave
- ¿Qué políticos estarían en el infierno de Dante?
- El Tribunal Constitucional amenaza nuestros derechos
- Por qué ganó Trump o cómo la progresía europea sigue sin querer asumir la realidad
- Elecciones USA: imposible impedir su victoria
¡Paz y bien!
Josep Miró
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